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martes, 17 de mayo de 2011



Antes de que amaneciera, salí huyendo de tu cama. En tu espejo un testamento: “No nos queda nada”. Deje tu barra de labios, y con ella un par de años. De quererte por las tardes de mañanas sin llamarte. Tropezamos de repente, como en un nuevo 11S. Sonreíste a quema ropa, contra el filo de mi boca. Y susurraste que el pasado solo es como un día malo. Y la lluvia abrió las puertas de mi vida. No consigo recordar como he llegado hasta aquí, solo sé que estoy borrando, lo que un día te hizo daño.
Siempre fui poniendo parches, negando segundas partes. Hasta que me demostraste, que no quiero olvidarte.
Tú me enseñas que.. Se puede querer.

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